LIDERAZGOS Y TRAYECTORIAS


Justino Saá Banguera

Por: Juan David Latorre Zapata

Líder Comunitario. Altos de Monserrate. Armenia-Quindío

Justino Saá Banguera es el tercero de seis hermanos, hijos de Pedro Pablo Saa Hurtado y Angelina Banguera Saa. Nació el 28 de septiembre de 1964 en Puerto Tejada, Cauca. Allí permaneció pocos meses hasta que su familia se trasladó a Aguaclara del Calima, cerca de la quebrada la Mina, en la zona rural del Puerto de Buenaventura. Dadas las difíciles condiciones de acceso entre la vereda y el casco urbano, debía caminar por horas hasta llegar a la carretera principal que comunicaba al centro del país con el Puerto, a esta situación se sumaba la ausencia de escuelas oficiales en el sector, por lo que la alternativa que tuvo Justino para aprender a leer y escribir fue a través de los programas de alfabetización de Radio Sutatenza. 

En Aguaclara vivió hasta los 28 años aproximadamente, posteriormente se trasladó al casco urbano de Buenaventura, específicamente en el barrio San Francisco de Asís en la comuna 7. Allí comenzó su educación formal a través de los programas de aceleración escolar, la primaria la validó en dos años y después de tres años de estudiar en el sabatino logró finalizar su bachillerato en el 2003. Culminó su formación con el puntaje más alto en las pruebas de Estado del Distrito de Buenaventura en el año de su promoción. 

El 30 de agosto se graduó, luego comenzó a estudiar Administración Financiera en la Universidad del Quindío con sede en Buenaventura. El desempleo y después el desplazamiento forzado lo obligaron a dejar la carrera y su territorio. Estas circunstancias lo llevaron hasta Mistrató, Risaralda, allí se casó y continuó con su vocación de líder político, siempre con filiación del partido Liberal; sin embargo, las condiciones del momento lo llevaron a participar de las elecciones al Concejo por el partido Polo Democrático Alternativo y no alcanzó la curul por 23 votos. 

Justino, trayectoria de lucha. Sebastián Rodríguez (2020)

Estando en Mistrató recibe nuevamente amenazas de grupos armados, por lo que el primero de diciembre de 2015 se desplaza a la ciudad de Armenia, capital del  departamento del Quindío. A las pocas semanas llega al asentamiento Altos de Monserrate, comuna 4, y comienza un recorrido de lucha por la dignificación de la vida de los habitantes de este sector. En este  proceso se encuentra con el líder Leandro Viveros, quien lo orientó en temas comunitarios y políticos, a su vez fue ampliando sus relaciones con personajes influyentes lo que le permitió mayor reconocimiento. 

En el ejercicio de su liderazgo, Justino logró la conectividad al servicio público de energía eléctrica para las viviendas de Altos de Monserrate y su lucha ha continuado para la garantía de un servicio de acueducto y alcantarillado, además de la conexión al sistema de alumbrado público municipal, aunque reconoce que es un trabajo difícil.

Otro de sus logros  ha sido el restablecimiento de las relaciones entre la Alcaldía y los habitantes del barrio, dado que este se constituyó a partir de la ocupación de predios de propiedad privada, lo que generaba la orden de desplazamiento por parte de la autoridades Administrativas, Justino afirma que “[…] cada rato tumbaban estas casitas, el ESMAD los sacaba de acá, pero la gente seguía”. 

Por otra parte, Justino explica que cuando llegó, cerca del 80% de la población que habitaba en el asentamiento eran negros y afrocolombianos, también había indígenas y mestizos; Sin embargo, la distribución poblacional étnica ha cambiado a causa del retorno de las familias a sus territorios de origen, dando lugar a una mayoría mestiza. En parte la migración se ha producido por el desempleo que existe en el Quindío y, principalmente, porque la población negra y afrocolombiana no puede desarrollar libremente sus oficios tradicionales o “[…] no saben hacer muchas cosas. O sea, la gente se ha criado como en el campo… no tanto el campo, el propio monte. Más que todo mi población viene de ser minera, y esa gente lleva la minería en la sangre”.

A pesar de las condiciones que deben afrontar en el asentamiento, Justino continúa su ejercicio de liderazgo de la mano de diferentes familias que confían en su ejercicio social y político tanto en la reivindicación de los derechos étnico-territoriales de las poblaciones negras y afrocolombianas, como los de todas las poblaciones en condición de vulnerabilidad social y económica que habitan Altos de Monserrate.


Tatiana Zapata

Colectivo Palenque Vivo. Manizales-Caldas.

Iván Alberto Vergara Sinisterra

Por: Natalia Quiceno Toro

Yo no entiendo qué ha pasado
con la historia colombiana
nos muestran héroes y hazañas
sin el pueblo que la entraña.

Poeta Oscar Maturana

Movimiento Nacional Cimarrón. Pereira – Risaralda

En las manos de una partera viene al mundo Iván Alberto Vergara Sinisterra el 6 de noviembre de 1967 en el barrio Viento Libre de Buenaventura. Docente, líder y activista del movimiento nacional Cimarrón, que hoy habita e impulsa su fuerza cimarrona desde la ciudad de Pereira. Donatila Sinisterra, su abuela, una mujer Micayseña del corregimiento de Noanamito en el Río San Juan de Micay marcaría sus primeros años de existencia. Su padre, un marino mercante, mestizo del Cauca, recorrió el mundo y habló diversas lenguas, se conoció con su madre en Buenaventura y desde el inicio ambos encarnaron las contradicciones de ser una pareja interracial. Iván recuerda que su madre le contaba que cuando la llevó por primera vez a conocer sus familiares la presentó como empleada del servicio. Entre ese y muchos otros desplantes, ella al final decide abandonarlo. 

Iván crece con su madre y su abuela, en el barrio Santa Cruz, “al inicio del continente, en la zona de mar después de que se pasa el puente el piñal” allí aprendió a nadar a los 4 años.  En esa crianza recibió las enseñanzas que la abuela traía de sus ancestros, una matrona afro que cuidaba de plantas, de huertas, que sabía de terapéutica y espiritualidad. Ella procesaba biológicamente los residuos de los aserríos para crear tierra para sus azoteas. Como dice Iván, la abuela era una mujer botánica. Con ella entendió la fuerza de la vida que nace desde el abono orgánico con los residuos de los alimentos y la crianza de los animales en colectivo, desde niños cada nieto tenía un pollo, una gallina o un pato para cuidar, criar y esa era su responsabilidad para cada fin de año. “Yo la observaba, lo recuerdo muy bien” era una médica que diagnosticaba las enfermedades. Sabía procesar las plantas y producir medicamentos, dosificar y aliviar a los enfermos. Además de médica era enfermera, porque cuidaba de quien enfermaba y seguía su proceso de cura hasta el final. Su tratamiento con plantas estaba siempre ligado a “las fuerzas espirituales que la acompañaban para curar a los enfermos” cuando la gente salía de la enfermedad, mataba una gallina, un pollo o un pato como ofrenda de agradecimiento y cierre ritual en la recuperación de quien estaba bajo su cuidado.

Cuando Donatila regresaba de López de Micay, Iván recuerda que venía con el territorio a cuestas; plátano, borojó, miel de caña artesanal, naranjas, llegaba enormemente cargada de los sabores de su tierra. Desde ahí “entendí lo que es la apuesta de etnodesarrollo de nuestros pueblos” que incluía compartir la cosecha de manera comunal, la circulación de los alimentos que llegaban de todos los ríos y una relación estrecha entre la ciudad y los territorios rurales. Una fuerza cultural atravesada por la tierra, el mar, la espiritualidad, los conocimientos del territorio guiaron su infancia. 

Reunión de Trabajo Elaboración Plan Nacional de Reivindicaciones Afros. Pereira, marzo de 2019.
Foto de Archivo personal de Iván Alberto Vergara Sinisterra

La vida comunal que conectaba López de Micay y el barrio Santa Cruz estuvo orientada por el conocimiento de las mujeres, las tías, la abuela y su mamá. A pesar de que su madre, que estudió hasta tercero de primaria, y su abuela no tuvieron acceso a la educación formal, bastó saber de la botánica, la tierra, los alimentos, para valorar las lecturas de la vida que despiertan la pasión por el conocimiento y las letras. Recuerda incluso que Donatila se esforzó por aprender a escribir su nombre con una hermosa letra corrida, así no escribiera nada más, esto no le quitaba su sabiduría como botánica, médica y matrona de su pueblo. De la abuela quedaron las memorias culinarias de la semana santa donde le ayudaba a moler platano para hacer los tamales de piangua, de camarón o tollo, pero además tiene un recuerdo que hasta el día de hoy orienta su camino: el gesto de entregar lo poco que tenía guardado para que Iván pudiera seguir sus estudios en un momento difícil. 

Su madre modista, una mujer elegante, hermosa, quien siempre se preocupó por enseñarle a leer a su hijo, sagradamente cada semana llegaba a casa con la revista “Fuego su majestad negra”. A punta de reglazos Iván aprendió a leer, pues su madre no era ajena al dicho de la época de que “la letra con sangre entra”. Él aguantó los reglazos con tal de saber las historias que contaban esas revistas donde aparecía gente como él:  “Me llamaba la atención sus dibujos, cómo se representaba ahí la gente negra, eso me atraía. Pero es después que descubro que la revista Fuego era, nada más y nada menos que la historia de la revolución Haitiana contada en una historia de amor. Y fui leyendo, pero claro, en mi infancia yo no conectaba toda esa información. Ahora tengo casi toda la colección. Y siento que mi conciencia se fue forjando ahí.” Es así como entre Corin Tellado, Arandú, El santo y Fuego, llegaron las primeras letras  a la vida de Iván.

La escuela

En la escuela Número 52 de Santa Cruz Iván estudió la primaria. Recuerda que quien trajo el interés por el dibujo a su vida fue Edgar, uno de los amores de su madre, un hombre negro que le gustaba dibujar y le enseñó mientras le ayudaba a hacer las tareas de la escuela.  Es allí, en el salón de clase, con dos compañeros mestizos, donde comenzó a descubrir los sentidos y órdenes que implicaba tener un color de piel determinado. Never, uno de sus compañeros mestizos, en una ocasión riega el “sandi” o “bolis” en el cuaderno de una de las compañeritas de su clase porque Iván le había hecho un dibujo y ambos estaban enamorados de la misma niña.  La reacción de Iván fue tomarlo del cuello y fue sorprendido por la profesora en ese momento. El castigo no se hizo esperar, sin ninguna solicitud de explicación, aclaración o comprensión del conflicto, Iván fue identificado como el culpable y castigado con tres reglazos en la mano en pleno patio de la escuela, además la maestra continúa su castigo obligándolo a estar arrodillado en unas pepas de maíz sosteniendo un palo en las manos frente a todos los demás niños. ¿Por qué la profesora lo castigó de esa manera? se ha preguntado Iván por mucho tiempo. Años después entendería que esos castigos tenían relación con las formas como sus ancestros esclavizados habían sido tratados a la llegada a esas tierras. Hoy desde sus luchas por la etnoeducación sigue presenciando las formas como el racismo marca la infancia de los niños y niñas afro en el país.

Quinto Comité ejecutivo Nacional de Cimarrón, Pereira diciembre de 1985. Sede Sindicato SER.
Foto de Archivo personal de Iván Alberto Vergara Sinisterra

Su vida tuvo un giro cuando en cuarto de primaria se encontró con la maestra que valoraba todo lo que él hacía e impulsó su deseo por el conocimiento. Fue ella quien lo motivó a estudiar el bachillerato en el Instituto Técnico Industrial Gerardo Valencia Cano y lo animó a presentar las pruebas que se requerían para el ingreso. En ese tiempo no era fácil para un niño sin recursos pensar en continuar sus estudios si no había un apoyo adicional. La familia a duras penas lograba subsistir con el trabajo de modistería de su madre, por esta razón Iván entró al mundo del rebusque con la venta de buñuelos y papa rellena. Además trabajó como tarjador en puertos de Colombia, empacador en supermercados e incursionó en las faenas de la madera explotadas por la empresa Cartón Colombia selva adentro, la pesca con su tío Leonidas Sinisterra, también en el trabajo como cargador de las maletas de los turistas en la zona turística de Juanchaco a Ladrilleros.

La profe le dio un contacto de un político de la ciudad, un hombre mestizo, que tal vez le ayudaría a ingresar al Colegio Instituto Técnico Industrial Gerardo Valencia Cano, haciendo “palanca”.  La “patoniada” para cumplir la cita con el tipo fue infructuosa, porque lo único que recibió fue un gesto de desprecio.  Pero esto no desanimó a Iván y decidió seguir con su plan de presentar el examen para continuar su bachillerato y fue mayor el empeño por concluir cuarto y quinto preparándose para lograr ingresar al colegio sin depender de nadie. 

“Para mí el Colegio fue una cosa increíble”

Los profesores fueron muy buenos y allí conoció la historia de Gerardo Valencia Cano vicario apostólico de Buenaventura (1953- 1972), también reconocido como uno de los obispos rojos de la teología de la liberación, miembro de “Golconda” grupo sacerdotal que impulsó una causa antiimperialista y de izquierda al interior de la iglesia Católica colombiana. Valencia Cano es recordado como un cura comprometido que movilizó a la población del Pacífico en la década de los 60 e influyó toda la apuesta de transformación impulsada desde la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano realizada en Medellín, en 1968.  En palabras de Iván, fue un sacerdote que llegó al corazón de la gente de Buenaventura, se movilizaba con la gente, se enfrentaba a la policía. Desde ahí creó muchas escuelas de liderazgo y dejó el legado de diversas organizaciones sociales así como muchos de los colegios de la ciudad: La industral, el IFA, el Liceo el Pacífico, San Vicente de Paul, creó los colegios que ningún politiquero había creado en Buenaventura. El sacerdote muere en 1972 en un accidente aéreo en la serranía del Baudó, pero deja una gran tradición política sembrada en la juventud, Iván considera que es desde esas semillas de movilización social, donde empieza a crecer una gran conciencia étnica en la ciudad.

Para ese tiempo del colegio Iván vivía en el barrio Lleras, allí estrechó su relación con el mar, incluso aprendió a Jaibiar “agarraba la olla y cogía jaiba”, desde su calle Colombia, donde estaba el atracadero de botes, se vinculó con el señor Arnulfo que venía con los botes llenos de plátano del Pizarro y el Baudó: “me rebuscaba la plata ayudando a bajar la carga de plátano, además, ganaba las pachas y los hartones para comer en la casa”.  La relación con el mar y las dinámicas económicas asociadas a la vida rural, el mar, hacía que la pobreza no fuera tanta, que por lo menos la alimentación estuviera asegurada. Mientras tanto para ahorrar y poder seguir estudiando aprovechaba ese vínculo con el mar, los botes y la vida de los ríos que lo llevó como ayudante, achicador y otros oficios al Yurumangui, Tapaje, el Dagua y otros ríos y esteros del pacífico bonaverense.

La entrega en el estudio que cada día cultivaba más en la Industrial se fortaleció el día que la abuela Donatila Sinisterra lo vio preocupado porque no tenía dinero para comprar los cuadernos ni el overol que le pedían en el colegio. Ella lo llamó y sacó dentro de sus senos unos billetes para que él comprara lo que necesitaba y siguiera su proceso de formación, ese gesto que lo conmueve hasta las lágrimas, fue una enseñanza y un impulso para seguir estudiando y no desfallecer cuando las dificultades apremiaban. 

La institución Gerardo Valencia Cano no solo lo formó en la educación básica, en el oficio de la ebanistería y la construcción naval sino en la conciencia política y social que serían centrales en su caminar. 

Llegada a Cimarrón

En el grado 8º en 1982 antes de cumplir los 15 años, llegó al colegio un señor llamado Humberto Celório Benítez. Iván recuerda que Humberto empezó a hablar de Malcom X y cuestionaba el hecho de que en la educación y en la historia no nos presentaran los líderes de los pueblos negros, ni nos hablaran de las formas como habían contribuido a crear la nación. Humberto estaba llamando a la juventud a hacer parte del movimiento Cimarrón que nace en 1982 con tres capítulos; Buenaventura, Pereira y Cali, impulsado por los líderes que habían creado en la ciudad de Pereira el círculo de estudio Soweto. Juan de Dios Mosquera, de Santa Cecilia Risaralda, Eusebio Camacho y Humberto Celório de Buenaventura y Wilson Padilla de la costa Atlántica, crearon en la Universidad Tecnologica de Pereira el círculo de estudios sobre las problemáticas de las Comunidades Negras de Colombia Soweto, el nombre Soweto en solidaridad con el pueblo Suráfricano en su lucha contra el Apartheid, donde estudiaban la historia de los pueblos africanos y las luchas antirracistas de Estados Unidos: Estos compañeros construyen una historia de la lucha del cimarronaje y se dan cuenta que hay unas deudas históricas y unas reivindicaciones que pelear.  En ese proceso nace Cimarrón.

Todos los sábados a las 9 am se realizaba la reunión de Cimarrón en Buenaventura, en la escuela María Goretty en el barrio… Allí llegó Iván con sus compañeros de la Industrial, Manuel de la paz Bonilla, Efrén Venté y Oscar Castro. Al inicio escuchaban con mucha atención, estaban rodeados de profesionales y gente con trayectoria que se fueron volviendo otros maestros en su formación.  Las reuniones tenían cada ocho días un espacio de diez minutos donde algún integrante exponía con suficiencia algún tema de relevancia para los pueblos negros en Colombia y se animaba el debate. Es así como apenas con 14 años le asignaron a Iván la tarea de preparar el tema para la siguiente reunión. “No sé qué vio en mí el compañero Humberto que me asignó esa responsabilidad”.

Con sus compañeros de colegio y movimiento discutieron qué temática presentar aquel sábado. Decidieron hablar del tema de los San Andresitos y las formas como el contrabando afectaba el pueblo negro, un tema algido en una ciudad portuaria. Fue Iván quien tuvo que presentar frente a todos los compañeros el tema que habían preparado. Recordando las enseñanzas del profesor de historia, contar los acontecimientos y los problemas en una forma narrativa, Iván “hecho su carreta” y atrapó a los espectadores. Al terminar se abrió un gran debate. Humberto se entusiasmó con la reacción de los compañeros y fueron involucrando cada vez más a Iván hasta convertirlo en secretario técnico del movimiento. A los 15 años su compromiso con el movimiento fue creciendo, su rol de secretario le exigía hacer las actas de cada encuentro lo que convirtió ese espacio en una gran escuela: “Yo iba llevando los relatos, ahí más me iba formando. Recogía lo que la gente iba diciendo”.

Humberto Celório no fue solo un compañero de movimiento para Iván, fue sobre todo un gran maestro. Así lo recuerda cuando después de un álgido debate con Efrén Venté sobre la existencia o no de Dios, él acude con la pregunta trascendental donde Humberto quien, a pesar de ir de salida para la calle, se devuelve a su casa, pela unos chontaduros, sirve aguapanela con limoncillo y comienza una conversación que Iván jamás olvidaría. Habló de las iglesias de derecha, aquellas que impulsan el racismo y atacan la espiritualidad de los pueblos. A diferencia de las iglesias como la de Martin Luter King o la que impulsaba Gerardo Valencia Cano o la militancia musulmana de Malcom X.  Desde ese día Humberto invitó a Iván a acercarse a la biblioteca que estaba construyendo poco a poco el movimiento Cimarrón. A sus 15 años devoró los libros que había sobre movimientos de liberación en África, sobre luchas antirracistas, leyó a Marx, a Fanon. En ese camino de aprendizaje con el movimiento se fue forjando aún más su conciencia y fuerza cimarrona, aquella que ya estaba presente en las enseñanzas de Donatila, su abuela e Isaura Sinisterra, su madre. 

Pero ese conocimiento no se quedó en los libros. De la mano de Humberto se iba a conferenciar, a trabajar, a aprender en los barrios, en las comunidades, en los colegios y universidades, la radio, participó con Humberto en los debates sobre puertos de Colombia, las conmemoraciones de la muerte de Gerardo Valencia Cano y en ese camino, tras la partida de Humberto, Iván terminó dirigiendo el movimiento Cimarrón en Buenaventura sin culminar aún su bachillerato.  

Iván recuerda muy claramente el día que conoció a Juan de Dios Mosquera y cómo se fortaleció con él el movimiento. La primera vez que lo vio, relaciona su figura con la estampa de Henry Cristopher, de la revista Fuego de la infancia, el líder Igbo de la revolución haitiana. Juan de Dios Mosquera un hombre brillante de Santa Cecilia Risaralda, formado en la Universidad Tecnológica de Pereira, entra en la vida de Iván como un importante maestro y referente. Esto lo lleva a tomar la decisión de viajar a Pereira para estudiar licenciatura en Ciencias Sociales.  Para la época, ingresar a la educación superior para la gente de Buenaventura implicaba migrar hacia Cali para la Universidad del Valle o Pereira a la Tecnológica. Su excelente puntaje de ICFES le permitió ser admitido sin dificultades, pero la gran pregunta era cómo pagar la matrícula. Recuerda que fueron los compañeros de Cimarrón, que estaban organizados para recibir a los paisanos, quienes pagaron el primer semestre y le dieron los primeros elementos para instalarse en la ciudad de Pereira.

VIII Comité Ejecutivo Nacional de Cimarrón. Pereira, diciembre 1988. Sede Sindicato de Educadores de Risaralda SER. Foto de Archivo personal de Iván Alberto Vergara Sinisterra

Ya en la UTP en los años 80 el camino de Iván se enriquece y complementa con la formación de la carrera y con los procesos que se impulsan desde Cimarrón; eventos en solidaridad con Nelson Mandela, eventos sobre el tema afro en la universidad, la consolidación de un movimiento afro universitario, entre otros. Pero el reto trazado por Juan de Dios Mosquera y al que se suma Iván en los años 80 es expandir el movimiento. Comenzaron a viajar por todo el país, el Chocó, el Pacífico, el Caribe, Bogotá. Inició así todo un trabajo de formación y movilización que se hizo en alianza con otros movimientos y andando por trochas, ríos y montañas. Para ese momento se empezaron a crear los ejecutivos que eran como una especie de asambleas nacionales, el pensamiento del movimiento se expandió. Allí surgieron los 12 principios del movimiento Cimarrón, el periódico Avancemos, boletines donde comunicaban las apuestas del movimiento. En el 86 y 87 Cimarrón se articula a los paros cívicos del Chocó y de Buenaventura, a la Comisión nacional por los servicios públicos. Y se fueron construyendo las 100 reivindicaciones que ya proyectaban el futuro de la constituyente. 

En ese momento político tan álgido para el país varios miembros del M 19 también se vinculan al movimiento Cimarrón, entre ellos Kunta Kinte quien decía que era necesario “llenar de contenido político nuestra negrura”. Se presentaron, entonces, tres tendencias al interior de Cimarrón para el momento de la constituyente. Una tendencia hacia la política donde estaba Piedad Córdoba, otra tendencia liderada por Juan de Dios Mosquera y una línea que fue fortaleciéndose y dando nacimiento a otros movimientos como el PCN, es el caso de  Edgar Zulú Ruiz Saa (QPD), un compañero brillante, quien con Rosa Rodríguez su compañera y colega de Libia Grueso y de Carlos Rosero, crean en Buenaventura un colectivo llamado Gerardo Valencia Cano, semilla del actual PCN. Esa fragmentación del movimiento impide que llegue un representante fuerte de los pueblos negros a la Constituyente. Y es la alianza histórica con el movimiento Indígena la que permite jalonar las luchas de los pueblos negros  en el contexto de la constitutyente y así sacar adelante el artículo transitorio 55 que daría origen a la ley 70.

A comienzos de los 90 Juan de Dios se muda a Bogotá a fortalecer el movimiento, crea la oficina que ha sido fundamental hasta el presente. Iván queda al frente del movimiento en Pereira, con la tarea de seguir formando nuevos liderazgos. Después de finalizar su carrera Iván es nombrado como docente en el municipio de Santuario, su apuesta laboral docente nunca se desligó de las luchas del movimiento, estando en Santuario nace la Red Continental contra el Racismo. Las redes nacionales e internacionales crecieron, pero esto nunca impidió que el movimiento siguiera creciendo. Las alianzas y legados del movimiento en el Eje cafetero son muchas, es Pereira y especialmente la Universidad Tecnológica el nicho donde toda esa fuerza de pensamiento cimarrón nace y se expande. Es así como nace la Asociación de Mujeres Afrorisaraldenses, la Fundación Palenque de Egoyá como escuela de liderazgo, la Asociación Camerún, la Asociación Guadalupe Zapata y diversos procesos de formación de jóvenes y niños en los barrios de la ciudad de Pereira.  

Para finales de los 90 el destierro de los pueblos negros se concreta como un ataque a las conquistas alcanzadas en la constituyente. La guerra se toma los territorios del Pacífico y comienzan a llegar personas desplazadas a las principales ciudades del país, Pereira no fue la excepción. En 2001 las FARC se toman el municipio de Santa Cecilia y llega a la ciudad un gran desplazamiento masivo de comunidades afrorisaraldenses. Con la gente desplazada de Santa Cecilia se hace la toma de la zona conocida como el Plumón que luego daría nacimiento al barrio Tokio y se da inicio a una serie de reivindicaciones por la vivienda donde aparecen barrios como Torres del campo, Salamanca, Guayabero. A estas reivindicaciones se suman las constantes luchas contra el racismo en la región y la ciudad, la apuesta es poner el tema en público y evitar su negación sistemática. En ese proceso se han hecho famosos casos de racismo denunciados por Cimarrón el del Concejal de Marsella, Risaralda, Fernando Antonio Delgado, como el de Alkosto contra niños afros Chocoano del Municipio de Tadó, y las expresiones cotidianas con las que se tienen que enfrentar las personas afro en establecimientos comerciales o espacios laborales. Denunciar y cuestionar estas prácticas es siempre un principio de Cimarrón, que busca remover las bases de un sistema racista que persiste hasta hoy.  A esta labor se han sumado nuevas organizaciones en el departamento de Risaralda, Afrosol, y la organización de mujeres afrocolombianas víctimas del conflicto en la Virginia, la organización cultural Papa Madiba en Dosquebradas, los consejos comunitarios del Corregimiento de Santa Cecilia, Pueblo Rico, Risaralda y Piedras Bachichí, Impacto Juvenil en Pereira, entre muchas otras organizaciones, movimientos, grupos culturales, líderes y lideresas. Uno de los logros importantes en la ciudad de Pereira es la consolidación de una política pública para la población afro, reto que aún mantienen para el caso del departamento de Risaralda. 

La fuerza cimarrona de Iván sigue viva a pesar de las dificultades, contradicciones y obstáculos que las luchas del pueblo negro encuentra constantemente en el camino. Ya son 43 años de trabajo con el movimiento Cimarrón, de sueños, luchas, logros y caídas. Los retos siguen siendo muchos, pero nombra dos fundamentales del presente. Hoy es necesario hacer un tránsito del movimiento social a movimiento político, creemos que debemos articular diversas apuestas y movimientos afro para un trabajo a nivel nacional que atienda la precariedad en la que siguen viviendo los pueblos negros, el asesinato sistemático de líderes, los asesinatos de jóvenes en las ciudades. A pesar de que no existíamos para el Estado y ahora existimos constitucionalmente, sigue estando pendiente la reparación histórica y garantizar derechos fundamentales, humanos, territoriales, garantizar nuestra plena ciudadanía.  El otro gran reto es tomarse en serio las apuestas del Feminismo negro radical, todo campo de acción y pensamiento que ha cuestionado desde el interior del mismo movimiento las matrices racistas articuladas al machismo y el patriarcado, así como los privilegios de los feminismos hegemónicos que han ignorado las experiencias de las mujeres negras. Un gran paso para Iván es que entendimos que no podemos hablar por ellas, y comprendimos que las mujeres hoy son una fuerza fundamental del Movimiento Cimarrón y en general el movimiento nacional afro.